El mal se hace presente en nuestro mundo cuando no actuamos guiados por el amor. Sin embargo, cuando actuamos guiados por él, provocamos felicidad en nosotros mismos y en las personas que nos rodean. Somos libres para elegir nuestra forma de pensar y de actuar porque Dios nos hizo libres.
Jesús nos lo explicó en la parábola del Hijo Pródigo.
Actividades 1 y 3 de la página 37








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